Hasta el anochecer

Porque hay veces que no decides de dónde te viene la inspiración.

Porque una vez más lo real pesa más que lo imaginario.

Y me encanta ser cazadora de historias reales de película.

“Hay personas que odian los domingos. Dicen que es el día más triste de la semana porque empieza la cuenta atrás hacia el principio de una semana nueva. Hay otros que les gusta exprimir al máximo este día porque les gustan las emociones. Sentir cómo se les acaba el tiempo y aprovecharlo al máximo.

Él era de ese porcentaje que odia los domingos principalmente porque trabaja hasta última hora y tiene que aprovechar ese tiempo libre para recuperar fuerzas para que el lunes no se le haga tan cuesta arriba porque también trabaja.

Así que, después de un día más estresante, el DJ por fin anunció la última canción. No aguantaba ni un segundo más de pie en medio de aquella jauría de borrachos musculosos, bikinis talla XS y bronceados amarillentos con aroma a coco. Ya no tenía que aguantarlos más hasta el fin de semana siguiente. Apagó la cámara de un click y buscó con la mirada a su compañero para tomarse unas birras antes de irse a casa.

Y entonces la vio.

725857c52f3f29f6bb6b8311a2fb9e9b

Podría haberse hecho la loca o perderse entre tanta gente, pero Aina no era así. Como siempre le había recibido con una gran sonrisa llena de vida y su característica melena rizada. Se abalanzó sobre él para abrazarle. Seguía en shock sin saber de dónde había aparecido. Le estrechó entre sus brazos como si no hubiera pasado el tiempo. No recordaba cuándo había sido la última vez que la había visto. ¿Dos, tres años? Y ahora estaba allí, colgada de su cuello.

s1

Aina le contó que se marchaba esa noche: En apenas dos horas salía su tren. Él se ofreció a llevarla a la estación, así podrían aprovechar ese tiempo para ponerse al día. Pasaron por su casa a por la maleta y algo para cenar y se fueron hacia la estación.

Ella mencionó aquella película antigua en la que dos desconocidos se pasan toda la noche hablando hasta que cada uno vuelve a su lugar. Y lo cierto es que sí, había sido un encuentro de película.

BFM.PH_A4_RZ.indd

Acamparon en el césped de la entrada y se contaron si se habían hecho realidad los sueños que hacía tiempo se confesaron.

Él solo la oía. Sus palabras eran murmullo en sus oídos. Se había caído en el precipicio de sus ojos negros. Recordó cómo se habían conocido. Esa personalidad que le había cautivado, que le había hecho seguir conociéndola. Siempre tan feliz, tan sonriente. Tan natural y espontánea. Irradiaba felicidad, aunque a él, a veces eso le fastidiaba, recordó. No creía que nadie pudiera estar así siempre y no le gustaba que no confiara lo suficiente en él como para mostrarse triste si lo estaba.

Adelantándose a la Cenicienta, llegó el momento de la despedida con lo que él las odiaba. Se abrazaron y llenaron sus oídos de promesas y deseos. Al separarse quedaron a pocos centímetros de rozarse la nariz. Tan cerca como para escuchar el corazón que galopaba bajo su pecho.

Pum-pum. Pum-pum.

s4

 El viento secó las lágrimas de Aina. Son de alegría de volver a verte, prometió. A ella tampoco le gustaban las despedidas. Le besó suavemente la mejila. Un beso que duró unos segundos más de lo comúnmente establecido, y se acercó al tren. Con un pié en el vagón volvió la cabeza hacia él. Que te vaya bonito, gritó. Y él solo pudo tragar saliva. Tenía una mezcla de sensaciones en el estómago. Su encuentro había sido un accidente afortunado, o serendipia, como quieras llamarlo. Había sido un viaje al pasado a cámara lenta. Les había visto a los dos, pero desde otra perspectiva. Ya no la miraba como antes.

El tren partió y con él aquel beso en la mejilla. Se lo llevó el viento de la despedida.

 

Una calada antes de entrar en el portal.

Con un último pensamiento subió los escalones hacia la puerta de su casa.

Se asomó en la puerta de la habitación. Ella le esperaba dormida.

Sin hacer ruido se desvistió y se tumbó a su lado en la cama. La abrazó por detrás y hundió la cara en su pelo. Ella se movió buscando una postura cómoda, y con un suave hilo de dulce voz le susurró un buenas noches antes de quedarse dormida otra vez.

s3

Y es ahí cuando te das cuenta de las cosas que tiene la vida. Cómo hay veces en las que todo rueda y de repente te frenan o eres tú el que echas el freno de manos, hay otras en las que por inercia paras y hay otras… hay otras en las que no se para. Mañana quién sabe lo que pasará. Lo único que tienes claro es dónde quieres estar. Aquí y ahora. Ya sea por esa flecha luminosa imaginaria que te indica el camino o porque tú lo sabes internamente por qué no se para. Por qué funciona. Por qué vas por buen camino. Lo notas en sus ojos, lo sientes en tu piel. Y no quieres dejar de acelerar…”

Hay trenes que vuelven solo para que te des cuenta de por qué no subiste. Sara Búho

Serena
Anuncios

2 comentarios en “Hasta el anochecer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s