El valor de las cosas

En realidad nunca valoras lo que tienes hasta que lo pierdes. Y cuánta razón en ello cuando hace apenas 2 minutos se me ha reflejado en la mente tan sobresaturada que tengo estos últimos meses de existencia, esa misma sentencia.

Valorar… ¡Ufffffff!

 

¿Cuesta, eh?

 

Pero ¿qué ocurre?

Que cuándo has estado dentro de la zona de confort que ciertas personas te producían, y te permitían, y te valoraban, y daban valor a tus ideas, a tu forma de crear, a tu forma de aportar, y luego te encuentras metida en otra relación totalmente distinta, golpea. Knockout!

te golpea fuerte...
te golpea fuerte…

Esta historia que os voy a narrar se puede extrapolar a todos los niveles de existencia humana y relaciones, y es que cual sino condición humana es la de relacionarse unos con otros, y ¡qué difícil es hacerlo bien! Y a esto de hacerlo bien me refiero a ser respetuoso, a ser asertivo, ser conciliador, ser paciente y atento, y sobre todo saber ser en plural teniendo especial cuidado en los factores personales de cada uno.

 

Hace 6 años de mi vida, empecé la historia más bonita jamás vivida.

Empecé la universidad, y con ella empecé a entablar relaciones sociales de las más dispares y dulces a la vez. Tuve suerte. Primero conocí a mi primer y (por ahora puedo decir) único amor. Conocí a mis personas especiales, aquellas con las que podías hablar de cualquier cosa y pasar el día a día de la mejor manera posible; y conocí a mi grupo de trabajo, que sería desde el primer día hasta el último, la aportación de crecimiento profesional y personal que me hacía falta, sin duda alguna. Me hicieron crecer.

Ellas fueron la unión, de las más extrañas uniones...
Ellas fueron la unión, de las más extrañas uniones…

 

Me he dado cuenta de ello hoy. 6 años para darse cuenta. Impacta.

Una vez me dijeron que la vida te enseña cosas muy valiosas, y que muchas de ellas, las más importantes, no las entiendes hasta que no te ves involucrada en una situación que te supera; hasta que creces, y entonces te haces un poco más sabio. Y paciente. Y valoras. Sobre todo eso, valoras. Aunque suele ser lo que ya no tienes.

Yo soy de las que más vale tarde que nunca

Y hoy he aprendido la lección.

...antes de que lo pierdas
…antes de que lo pierdas

 

Ellas, que al principio no las valoré, no les dediqué quizás el reconocimiento que se  merecían por su trabajo, su dedicación, sin atender y pararme a pensar en sus circunstancias personales, su esfuerzo diario por llevar las tareas a su fin…

Ellas hoy me han venido a la mente tras un amago de tormenta que se podía notar en el ambiente y que no creía que fuera a ocurrir, pero entonces, rompió a llover.

Ellas me habían “bien acostumbrado”. Pero ojo, para nada nos consentíamos, más bien llegábamos a tener ese punto de confidencia que nos llevaba a con solo mirarnos saber que debíamos hacer.Coordinarnos. Cooperar. A día de hoy, las echo de menos.

 

He empezado un nuevo reto en mi vida, personal y profesional, y llevo mucha carga a mi espalda, muchos proyectos en marcha corriendo a la vez como si de una competición se tratara y lo que menos me interesa, y lo que más frena, son las personas que intentan impedir que el transcurso de tu día a día sea de la mejor manera posible.

 

Y bien, este post me dediqué a hablar de Ellas, porque aunque estén lejos me aportan todavía lo más puro y humano.  Me permití omitir la otra parte que me impulsó a escribiros.

No vale la pena atraer energía negativa.

Que se la queden ellos! 😉

 

Lunática creciente.

 

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