Pu-pum, pu-pum, pu-pum.

Silencio, escúchalo. Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Es mi corazón al verte. Es mi corazón que late frenéticamente por tu voz, por tu olor, por tu sonrisa.

Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Vuelve a latir, cada vez más rápido, hasta que sonríes y me besas. Entonces se detiene. Y yo me mareo. Me mareo respirándote y respirándome. Siento el vértigo en mi cuerpo, tus manos en mi cintura y mis manos en tu cuello. Siento como el estómago me da un vuelco y el mundo se detiene también y se pone patas arriba.

Silencio, escúchalo, Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Es mi corazón que aletea en mi pecho, rebota contra las costillas y quiere salir. Frenético, eléctrico, magnético, que quiere ir a tu pecho, descontrolado, pobre loco enamorado. Y yo lo detengo, lo encarcelo, no lo dejo fluir. Quiero controlarlo. Me gusta. El control es mío y no dejaré que salga de mi pecho por si se cae y se lastima… Aún.

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Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Ya no me besas, sólo me abrazas, y creo que late tan fuerte que hasta lo sientes. A través de mi ropa, tu ropa, tu pecho, hasta tu corazón. Me hablas y asiento, ¿Qué me has dicho? No lo sé. Mis neuronas aún están procesándote, procesando tu beso, tu sonrisa, tu mirada. Procesando mis hormonas. Y tú te ríes y me muerdes, me revuelves el pelo y yo reacciono.

Silencio, escúchalo. Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Ahora está más calmado, pero suena contento, se acompasa a tus latidos. Y vuelve a la normalidad, pero te ríes y siento un pellizco. En mi estómago. Ya está, el corazón le ha contagiado la emoción y otra vez.

Pu-pum, pu-pum, pu-pum. Ya no sólo late en mi pecho, en mi estómago también. En mis oídos puedo escuchar los latidos de mi errante y arriesgado corazón, y siento que va muy deprisa, y tengo miedo y vuelvo a sentir vértigo. En mis manos y en mis pies. Se extiende más por mi cuerpo. Ahora sí. Ya no puedo controlarlo porque por más fuertemente que lo intente, sobrepasa mis fuerzas. Yo que hace un minuto levantaba mis defensas. Yo, que no quería sentir. Que no quería enamorarme. Lo he acabado haciendo, y estalla en mi pecho.

Silencio, escúchalo. Pu-pu-pum, pu-pu-pum, pu-pu-pum. Ya no hay vuelta atrás, lo he reconocido y mi corazón funciona a mil revoluciones por minuto, haciendo fluir mi sangre más rápidamente, agolpándose en mis mejillas mientras te miro a los ojos, veo mi reflejo en tus negras pupilas y te lo digo.

Pu-pu-pum, pu-pu-pum, pu-pu-pum. Cada vez más rápido. Mi corazón, que no deja funcionar al cerebro correctamente. Y busco las palabras adecuadas pero no me salen, sólo quieren escaparse de mis labios dos palabras, que aún no quiero decir porque aún no quiero que se descontrole mi corazón emocionable. Pero es inevitable, escapan de mis labios como un suspiro, como el batir de las alas de una mariposa. Y nunca mejor dicho, “efecto mariposa” es lo que crearán.

“Te quiero”. Y cierro los ojos, trago saliva, y los vuelvo a abrir. Te miro a los ojos, te brillan, sonríes y me dices: “Cuánto has tardado. Yo también”.

 -Aresma-

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